Holaa! :)

Hola! Es la primera vez que publico algo asi que espero que os guste y por favor comentad :)

Muchas graciias :)




lunes, 21 de febrero de 2011

Capítulo 18

No sé cuanto tiempo pasé llorando abrazada a él. No podía creerlo, no quería creerlo.
- Por favor, Lucía.
- N..no. - No podía parar de llorar.
Me abrazó con fuerza apoyó su cabeza en la mia, no dijo nada más hasta que paré de llorar. Nos quedamos un rato en silencio, sin movernos.
- Lucía, déjame que te lo explique.
- No, no quiero saberlo, no quiero saber nada más de ti. Amina tenía razón.
- ¿Qué? ¿Qué te ha dicho?
- La verdad.
Me levanté dispuesta a marcharme, pero Diego me lo impidió y me obligó a sentarme de nuevo junto a él.
- Déjame en paz.
- No. Lucía, no te vas a ir hasta que no me dejes que te lo explique.
- Esta bien. Habla.
- Lo primero, ¿Que te dijo Amina?
- Que seguis juntos, que eres un mentiroso y que eres incapaz de querer a nadie.
- Amina y yo no estamos juntos, nunca te he mentido y decir que te quiero es poco. - No pude aguantar su mirada así que bajé la cabeza.
- ¿Y como es que todas las chicas que hay aquí se han liado contigo?
- Solo esas tres, Amina y Natasha han debido de organizarlo así. Por cierto, con Natasha no me he liado. No entendía como podía sonreir en un momento así.
- Solo, dice. ¿Te parece poco?
- ¿Con cuantos chicos te has liado tú?
- No es lo mismo.
- ¿Por qué no?
- Porque... porque no. - Me estaba quedando sin argumentos, y Diego se dio cuenta. Me abrazó y me dio un suave beso en la frente.
- Te quiero.
No dije nada, le quería, le quería mucho, pero tenía miedo, sabía que esto no podía durar, solo me quedaban 10 dias.
- Diego.
- ¿Qué?
- De todas formas creo que no deberíamos vernos más...
- ¿¡Qué!? ¿Por qué?
- Porque me voy en 10 días, Diego.
- ¿Y qué? Podemos estar juntos hasta entonces.
- Pero luego sería peor, no sé si me compensa.
- Deja de pensar en el futuro y céntrate en el presente. Solo durante 10 días.
- ¿Pero es que no te das cuenta? Mis padres deben estar hartos de que salga con gente de aquí, no creo que me dejen salir muchos días más, se quedaría todo en un par de días, y...
Pegó sus labios a los míos dejándome con las palabras en la boca. Tenía que pararle, no quería terminar de enamorarme de él. Le devolví el beso. Me tumbó en la cama y se colocó encima de mí sin dejar de besarme, suponía lo que quería hacer, pero no iba a decir nada, todavía. Sin embargo, fijó sus ojos en los míos y sonrió, su mirada transmitía mucha confianza, de todas formas, no estaba dispuesta a hacerlo. Siguió besándome, sin intentar nada, cuando de pronto, alguien abrió la puerta de golpe y nos interrumpió.
- ¡Anna! ¿Que haces aquí? - Pregunté mientras me ponía de pie y me alisaba el vestido.
- ¿Que haceis vosotros aquí?
- Emm...yo...pues...
- Anna, estas no son formas, no dejas de interrumpirnos ¡Eh!
- ¿Lucía, por qué no me lo contaste? - Preguntó Anna ignorando a Diego.
- Te lo iba a contar, pero no te encontraba...
- ¿Y a Pepe si?
- A Pepe se lo conté yo. - Dijo Diego.
- Estaba con Diego, iba a contartelo después... - Dije ignorando la intervención de Diego.
- Ya, seguro. Diego, estarás contento, has conseguido lo que querías.
- Mucho. - Respondió él mientras me abrazaba.
- Pero Anna, ¿Que te pasa? Se suponía que tú querías que estuviera con él.
- Ya, pero me lo tenías que haber contado.
- ¡Te lo iba a contar!
- ¿Cuando?
- Cuando nos viéramos.
- ¿Como íbamos a vernos si tu no hacías más que darle besitos a este imbécil?
- Joder, Anna, no sé que te pasa, cunado te tranquilizes me avisas y te lo cuento todo.
Y soltando un bufido salió de la habitación dando un portazo. Nunca la había visto así. Es cierto que no la conocía mucho, pero no imaginé que reaccionaría así. Entonces recordé algo que me dijo Diego.
- ¿Cómo sabías que iba a reaccionar mal?
- No estaba seguro, pero prefería no arriesgarme.
- ¿Pero por qué?
- Porque ella y yo estuvimos juntos.
Me quedé sin palabras, no sabía que decir. No estaba enfadada ni molesta ni celosa, pero me resultaba raro. Tenía que hablar con Anna, pero no así, no hasta que no se relajase un poco, aunque en el fondo, la entendía. Pero a ella le gustaba Rubén, ¿No? Que lioso era todo...
- Lucía. Lucía dime algo.
- ¿Que quieres que te diga? Me ha sorprendido, eso es todo, en serio. - Respondí con una sonrisa dándole un pico. - Por cierto, ¿Cómo es eso de que alguna vez has besado a un chico?
- Una apuesta, tenía que darle un pico a Javier.
- ¡Eso no es besarse con él!
- ¡Claro que sí!
Y nos seguimos besando entre carcajadas.

martes, 15 de febrero de 2011

Capítulo 17

Salimos al jardín cogidos de la mano, no podía creer que todo esto fuera verdad, era todo tan perfecto...
- Ahora vengo, espérame aquí.
- ¿A dónde vas?
- Tengo que hablar con un amigo, pero no tardo.
Y con una sonrisa me soltó y le perdí de vista. Agradecí enormemente que Anna me hubiera dado ánimos para estar con Diego, pero no entendía a qué venía eso de no contarle nada, a Pepe se lo había contado, y estaba segura de que no tendría ningún problema para decírselo a los demás, ¿A qué venía esa manía con Anna?
Entonces, las dos personas que más odiaba en esos momentos aparecieron delante de mí completamente fuera de sí.
- Aléjate de Diego, te lo digo en serio. - Natasha estaba enfadada, muy enfadada, tanto que daba miedo.
- ¿Y si no qué?
- Si no lo vas a pasar muy mal. - Amina sonreía, pero se podía vez que estaba negra de rabia. - Además, Diego no te conviene.
- ¿Ah no? ¿Y por qué exactamente?
- Porque Diego es un mentiroso, es incapaz de querer a nadie. Si lo sabré yo que llevo 4 meses con él.
- Me dijo que lo dejasteis...
- ¿Lo ves? Solo quiere pasarselo bien 2 semanas y luego se buscará a otra. Él y yo seguimos juntos.
- No te creo. - Dije al borde del llanto.
- Haz lo que quieras, pero no vengas a llorarme cuando te mande a la mierda. No le importas, igual que no le importo yo ni le importa nadie.
- ¿Y entonces por qué estás con él?
- Porque es guapo, está bueno y besa muy bien. - No podía articular palabra, sabía que si abría la boca me pondría a llorar, así que Amina continuó. - Estuve hablando con él hace un rato, se lio contigo por una apuesta con una amigo suyo, no te quiere, no le importas. ¿Si no, dónde está ahora?
- A ido a hablar con... - La voz se me quebró y las lágrimas empezaron a desborar de mis ojos. No podía ser verdad. Yo confiaba en Diego.
- Ahi lo tienes. Aléjate de él. No es bueno para tí.
- No, no te creo, déjame en paz.
- Peor para tí.
Y diciendo esto se fueron las dos, dejándome sola con mis dudas. No podía ser cierto, ¿Verdad? Diego no me haría algo así, me lo habían dicho todos, hasta su hermana.
- ¿Me has echado de menos?
Su voz. Decidí que lo mejor era no decirle nada de la charla que acababa de mantener con... su ex-novia.
- Mucho.
- ¿Quieres que vuelva a raptarte? - Preguntó con esa sonrisa pícara que me encantaba.
- Me encanta.... - Antes de que pudiera terminar, Pepe apareció de la nada.
- ¡Venid que vamos a empezar a jugar al "Yo nunca nunca"!
- Pepe tio, que mal momento...
- ¿Interrumpo algo? - Dijo mirándome alusivamente.
- Pues la verdad esque si, estaba a punto de raptarla.
- Bueno, bueno, pues os dejo. Pero en un rato venis, ¿Vale?
- Vale.
Pepe se fue tan repentinamente como había llegado.
- ¿Se lo has contado?
- Pues claro, es mi mejor amigo.
- ¿Y por qué a él si y a Anna no?
- Lucía confía en mí, es mejor que no se lo digamos aún.
- Pero, ¿Por qué?
- Porque no sé como se lo va a tomar, dejémoslo ahi.
- Está bien. - No quería ser demasiado pesada. - Vamos a jugar anda.
- ¿No querías que te raptara?
- Sí, pero no podemos dejar colgado a Pepe ¿No?
Y con una sonrisa le cogí de la mano y nos juntamos con el resto de los invitados.
Éramos solo 10 personas: Pepe, Diego, Javier, un chico y tres chicas que no conocía, Amina, Natasha y yo. Nos sentamos en un círculo y el anfitrión repartió los vasos y sirvió chupitos de vodka a todo el mundo. Empezó el chico desconocido.
- Yo nunca nunca... he besado a un chico.
Todas las chicas bebimos y para mi sorpresa Diego y Javier también bebieron entre carcajadas.
- Ya me lo explicarás luego... - Le dije riéndome también.
Le tocaba el turno a una de las chicas.
- Yo nunca nunca... he besado a una chica.
Bebieron los chicos. Turno de Natasha.
- Yo nunca nunca he besado a Diego.
Me quedé helada al ver cómo todas las chicas del círculo se bebían un chupito, pero no iba a dejar que esa bruja se saliera con la suya, así que contuve las lágrimas y bebí. Diego me miró y sin decir una palabra me agarró de la muñeca, y me arrastró hasta la casa.

Perdoon! :)

Perdonadme por no subir nada últimamente pero estuve de viaje y luego de exámenes, el finde, fue simplemente falta de tiempo y de inspiración xD
De todas formas os dejo el siguiente capítulo. :)

domingo, 30 de enero de 2011

Capítulo 16

- ¿Estaís bien? - Dijo Anna. Parecía realmente asustada.
- Sí, sí, pero dame la chaqueta.
- Toma. - Me tendió mi chaqueta y me la puse en seguida.
- Vámonos ya, por favor.
- Sólo hemos traído la moto. Rubén.
- Dime.
- Lleva a Lucía, y yo y Diego nos volvemos andando.
- ¡Eh! No es justo. - Protestó Diego. - Yo también tengo frío, además, Rubén a venido en moto así que me toca volver a mí. ¿Verdad que no te importa que te lleve yo, Lucía?
- No, me da igual, pero vámonos.
- A mí no me importa. Anna, yo voy contigo andando.
- Vale.
Diego y yo nos encaminamos hacia la moto de Rubén.
- ¿Sabes llevarla no? - Pregunté un tanto preocupada.
- Pues claro, yo también tengo una.
- Otro día me la enseñas.
- Cuando tú quieras, princesa.
Enrojecí ligeramente, nadie me había llamdo así antes, pero me gustaba, me gustaba mucho. Diego lo notó y soltó una carcajada.
- Venga sube.
Y con una sonrisa arrancó la moto y nos alejamos del sitio dónde más feliz me había sentido en toda mi vida.
No hablamos en todo el camino de vuelta, me conformaba con el contacto de su cuerpo contra mis brazos. Aparcó la moto en la entrada de la casa y nos bajamos. Me dio un suave beso en los labios y con una sonrisa se perdió entre la gente. Genial. Sola de nuevo.
- ¡Lucía!
Vi a Pepe saludando desde el borde de la piscina, estaba empapado.
- ¿Pero que has hecho?
- Nada, que me han tirado a la piscina. Que susto nos habeís dado Diego y tú. ¿Dónde estábais?
No sabía si contárselo, Diego me había pedido que no se lo dijera a Anna, pero, ¿Y Pepe? Era su mejor amigo...
- En un patio de por ahí, me puse a andar, Diego me siguió y nos perdimos.
- ¿Y nada más? ¿No pasó nada?
- No. - Decidí que si Diego quería se lo contaría el mismo.
- Pues mira que es estúpido... - Lo dijo en voz muy baja, pero aún así lo oí.
- ¿Qué?
- Nada.
Lo dejé estar, al fin y al cabo ya sabía a qué se refería.
- Dame un abrazo. - Dijo con una sonrisa burlona.
- ¡No!
Casi se me lanzó encima, me agarró y me dio un fuerte abrazo que parecía interminable. Cuando se separó, mi vestido volvía a estar mojado de nuevo. Parece que era algo inevitable.
- ¿Pero qué haces?
- Un favor.
- ¿Un favor?
- Sí, Diego me ha pedido que te moje.
- ¿Por qué?
- Me dijo que era para tuvieras que secarte. Yo no lo pillo, ¿Tú?
- No...no, yo tampoco. Voy a dentro, ¿Vale?
- Ya. Seguro.
No parecía haberme creído, pero no era culpa mía ser mala mentirosa. Entré corriendo el la casa, y subí las escaleras hasta el baño en el que me había secado el vestido la otra vez, sabía que Diego estaría allí. Llegué a la puerta del baño, pero antes de que pudiera abrirla, alguien me tapó los ojos los una mano y con la otra me condujo de la cintura hasta una habitación cercana.
- ¡Diego!
- ¿Qué?
- Nada, me gusta que me raptes.
- Entonces no será la última vez.
- ¿Cómo sabías que antes vine a secarme aquí?
- Me lo dijo Amina, la chica que estuvo contigo.
- Contigo también.
Me sujetó la barbilla, obligándome a mirarle a los ojos. Aquel azul mar me perdía.
- Con Amina no hay nada, estuvimos saliendo un par de meses, no funcionó y lo dejamos, ya está.
- Pues esta tarde no parecía que lo hubieseis dejado.
- Lo sé, ella se lanzó y yo no me aparté, debería haberlo hecho, pero no fue nada más, en serio, con ella ya no hay nada.
- Vale.
- ¿Quieres ir abajo?
- ¿Me vas a dejar sola otra vez?
- No, te lo prometo.
- Entonces vamos.
Y con una sonrisa tonta en la cara, bajé las escaleras acompañada de aquel chico guapo de los ojos azules, sin saber, que alguien llevaba un rato escuchando detrás de la puerta.

jueves, 27 de enero de 2011

Capítulo 15

Daba vueltas por aquel minúsculo espacio, desesperada. ¿Y si no nos encontraban? Quería volver a la casa de Javier, buscar a Anna y contarle todo lo que había pasado, ella habría sabido qué hacer, qué decirme, sin embargo, Diego, estaba de pie, apoyado en una esquina, mirando al suelo. Tenía la piel de gallina, eran las 10 de la noche y me había dejado la chaqueta en la habitación.
- Tengo miedo, Diego.
Levantó la vista y me miró.
- Ven.
Me acerqué a él y dejé que me atrapara entre sus brazos.
- ¡Pero si estás temblando!
- Me dejé la chaqueta.
Diego se sentó en el suelo y me senté delante de él, entre sus piernas. Tenía la cabeza apoyada en su hombro y él me acariciaba los brazos para darme calor.
- ¿Por qué dices que es muy complicado?
- Porque lo es.
- No. Es más fácil de lo que piensas.
- Diego, creo que te olvidas de que sólo estoy de vacaciones, que mis padres me han dejado salir dos días pero no creo que vayan a seguir así.
- No importa, nos las arreglaríamos.
- Además, ¿Quién ha dicho que yo quiera?
- ¿Tú quieres?
- ¿Y tú?
No respondió, me hizo girarme hasta quedar enfrente de él, mirándole. Entonces me besó. Al principio no reaccioné, estaba como paralizada, pero luego, al notar que iba a separarse al no recibir respuesta, me agarré a su cuello y le devolví el beso. Besaba increíblemente bien, mucho mejor que Carlos... ¿Por qué me acordaba ahora de él? No tuve tiempo de responderme, aquel pensamiento se fue tan rápido cómo había llegado. Entonces, percibí algo que no me gustó, era un sabor o un olor...una mezcla de las dos que identifiqué en seguida. Me separé un poco.
- ¿Qué pasa?
- ¿Has fumado?
- Sólo un poco...estaba nervioso. - Me guiñó un ojo.
- No me gusta el tabaco. Sabe mal...
Se echó a reír y me dio un beso en la frente.
- Entonces, ¿Ya no quieres que te bese? - Me preguntó con una sonrisa irónica. - Lucía, tranquila, todo va a estar bien ya verás. - Algo en mi expresión debió de decirle lo preocupada que estaba por lo que fuera a pasar a continuación.
Se inclinó y me dio un beso muy tierno en la frente. Entonces, justo cuando iba a besarle de nuevo, algo en su bolsillo empezó a vibrar, el móvil de Diego.
- ¡Mierda! - Soltó él al ver que yo me apartaba.
- ¡Eh sin tacos! Venga cógelo.
- Prefiero que me beses. - Dijo él con esa sonrisa descarada.
- Después, ahora cógelo.
- No.
- Diego, como no lo cojas te juro que me voy y te dejo aquí sólo.
- Pues te sigo.
Me estaba desesperando, cuando el teléfono dejó de sonar.
- ¿¡Pero qué has hecho!?
- No me gusta que me interrumpan.
- ¡Diego eres un imbécil! ¿Ahora cómo vamos a volver?
Diego me abrazó, pero yo le aparté enfadada.
- Venga, no te enfades, volverán a llamar.
En ese momento volvió a sonar el móvil.
- ¿Lo ves?
Me fui a la esquina enfurruñada y él cogió el móvil.
- ¿Si?
- ¿Diego?
- Sí, soy yo.
- ¿Está Lucía contigo?
- Sí, está aquí.
- ¿No le habrás hecho nada no?
- Pues claro que no, ¿Por quién me tomas?
- ¿Y yo que sé? En la fiesta había alcohol, podías haber bebido otra vez...
- No me lo recuerdes anda. ¿Te la paso?
- Si.
Entonces se acercó a mí y después de darme un pico me pasó el teléfono.
- Es Anna, quiere comprobar si te he violado o algo. - Volvió a poner aquella sonrisa descarada tan encantadora.
Le dí un golpecito en el hombro. No me gustaba esa broma.
- Lucía, ¿Todo bien?
- Sí, pero nos hemos perdido.
- ¿Qué ha pasado?
- Nada, salí un momento, me puse a andar, Diego me siguió y estamos en una especie de patio interior...
- ¿Hacia dónde habeis ido?
- Pues según sales a la derecha, creo que hemos ido recto al principio pero no estoy segura. Hemos tardado unos 20 minutos en llegar hasta aquí.
- Vale, salimos en seguida. Voy con Rubén en su moto así que no tardaremos.
- Luego me cuentas. Por cierto, traéme la chaqueta. Me muero de frío.
- Vale, un beso.
- Adiós.
Colgué y le dí el teléfono a Diego.
- Vienen ella y Rubén en la moto. No tardarán mucho.
- ¿Se lo vas a contar?
- ¿El qué?
- Lo que ha pasado.
- Pues no sé, ¿Quieres que se lo cuente?
- No.
- ¿Por qué?
- Confía en mí, es mejor que no lo sepa todavía.
- Vale.
Me abrazó y nos quedamos así durante un rato, entonces Diego empezó a juguetear con el cierre de mi vestido, al parecer a todo el mundo le apetecía quitármelo. Llevé una mano a la espalda y la puse encima de la suya, moviéndola de nuevo a mi cintura.
- Vale. - Me susurró.
Entonces me besó de nuevo, aquel fue diferente, posiblemente el mejor que me habían dado nunca. El sabor a tabaco casi había desaparecido, y ya no demostraba ese miedo a mi reacción como las otras veces, ahora parecía más seguro. Mejor. Uno de los dos tenía que estarlo.
De pronto el ruido de la moto nos hizo dar un bote a los dos.
- Ya nos vuelven a interrumpir.
- Que cortarollos, ¿Verdad?
Y sin añadir nada más, yo me senté en el banco y Diego se apoyó en la pared, enfrente de mí. Entonces, a toda prisa, entraron en el patio, Anna, con mi chaqueta en la mano, y Rubén.

martes, 25 de enero de 2011

Capítulo 14

Estaba allí parada, en medio del jardín, mirando cómo la gente se empujaba a la piscina. Entonces, alguien me agarró por detrás. Pegué un grito y me giré. Era Rubén.
- ¿Aún estás seca? Eso no puede ser...
- ¡Rubén ni se te ocurra!
Sin hacerme caso, Rubén me cogió un volandas y se dirigió corriendo a la piscina.
- No, Rubén por favor.
- Va está bien, pero deberías irte de aquí o acabarás empapada.
Rubén estaba de pie junto al borde de la piscina, y justo cuando iba a bajarme, alguien chocó contra él y le hizo perder el equilibrio, haciéndonos caer a ambos.
- ¡Me cago en...!
Mi vestido estaba completamente empapado, por suerte no se transparentaba, pero me estaba muriendo de frío. Salí de la piscina tiritando y con el pelo empapado. La gente parecía no haberse dado cuenta de nada, a fin de cuentas, había más de veinte personas entrando y saliendo de la piscina. Me metí dentro de casa y me puse a buscar el baño, con la esperanza de que hubiera en él un radiador o algo con lo que poder secar un poco el vestido, y de paso, mi pelo. Al fin lo encontré, en el segundo piso, entré y encontré un secador en uno de los armarios. Decidí empezar con el vestido, puse el cerrojo y me lo quité, quedándome en ropa interior. Lo cogí y empezé a pasar el secador por encima, con cuidado de no acercarlo demasiado para no quemarlo o dejar marcas. De pronto, oí unos golpes en la puerta. Mierda. Tenía que dejar el baño libre.
- ¿Está ocupado? - Era la voz de una chica, pero no me sonaba nada.
- Un momento, ya salgo.
Me puse a toda prisa el vestido todavía mojado y abrí la puerta. Sonreí al ver que aquella chica, que, al igual que yo, venía en busca del secador.
- ¿A tí también te han tirado a la piscina? - Preguntó.
- Sí, pasa y compartimos el secador.
- Gracias.
Entró y ambas empezamos a secarnos, durante un rato yo le pasaba a ella el secador por encima y luego cambiábamos. Volvieron a llamar a la puerta, esta vez era un chico, tuvimos que salir del baño aún húmedas y con el pelo mojado. Bajamos a ver si habían terminado de echarse agua. Cuando salimos al jardín, la chica,  salió corriendo y se abrazó a un chico, él estaba de espaldas, pero me pareció reconocerlo. Era Diego, y ella era la chica con la que estuvo antes. La levantó y le dio un suave beso en los labios. Aquello me dolió, era un mentiroso, me había mentido, yo no le importaba. Salí corriendo de la casa y me senté un banco, lejos de todo aquel jaleo que había allí montado. Algunas lágrimas se desbordaron de mis ojos, ya no me preocupaba de detenerlas, las dejé caer, dejando pequeñas marquitas en mi vestido ya casi seco. Tenía el pelo empapado, y tenía frío, pero no importaba, yo no importaba. Entonces alguien me agarró por detrás, de los hombros, y yo, no pude evitar pegar un grito.
- No te asustes. No quiero que tengas miedo de mí.
- No lo tengo.
- Bien. ¿Cómo es que estás aquí sola? La fiesta es dentro...
- Déjame en paz, es por tu culpa.
- ¿Por mi culpa?
- Sí.
- ¿Qué he hecho?
- Me has mentido.
- Nunca te he mentido.
- Ya. Seguro.
- Mírame. Mírame y dime que miento. Me importas, y mucho.
- Déjame, déjame en paz y vete con esa chica, seguro que te está esperando.
- No, yo con ella no tengo nada y además no te voy a dejar aquí sola.
- Además, no te he perdonado lo que pasó hace dos días.
Vi el dolor reflejado en sus ojos, pero lo ignoré. Me levanté del banco y eché a andar. Necesitaba librarme de él como fuera.
- Deja de seguirme.
No respondió, pero no se separó de mí. Llevábamos andando una media hora cuando Diego me detuvo.
- Lucía, ¿A dónde vas?
- No lo sé.
- Para, por favor.
- No, ¿qué más te da? No te importo.
- ¡Deja de decir eso! Me importas mucho, si no, ¿Por qué te iba a seguir hasta aquí?
No pude contenerme más y empezé a llorar otra vez. Él hacía que me creyera sus mentiras, no podía evitarlo. Me abrazó y lloré hasta quedarme sin lágrimas, entonces, Diego, me agarró de la cintura y me condujo hasta un pequeño patio interior que había allí cerca. Miré a mi alrededor, había poco espacio y un banco en una esquina, sin embargo, me solté del abrazo de Diego y me senté en el suelo. Se sentó a mi lado, en silencio, con su mano apoyada en el suelo sobre la mía. No me molestaba, es más, me gustaba.
- ¿Por qué dices que te importo tanto?
- Porque es verdad.
- Pero, ¿Por qué?
- No lo sé. Simplemente es así y punto.
Empezó a acercarse a mí, despacio pero con seguridad, me agarró de nuevo por la cintura.
Sus manos se deslizaban despacio por mi espalda, acarciándome. Me tranquilizaba ese contacto, aunque no debiera ser así, Diego me atraía, y eso no estaba bien, no después de todo lo que había pasado. Me besó en el cuello, los hombros, las mejillas, cubrió mi cara de besos dulces y cálidos, pero no se atrevió a tocar mi boca.
- Perdóname - Me susurró.
Me resultaba casi imposible no hacerlo, pero mi ingenuidad ya me la había jugado demasiadas veces, lo mejor sería no volverle a ver.
- No - Una lágrima desobediente resbaló por mi mejilla, Diego la recogió y sujetándome la barbilla me miró directamente a los ojos. Esa mirada me hizo romper a llorar, estaba cargada de dolor y de culpabilidad, me miraba con sus preciosos ojos azules, suplicando que le perdonara.
- Por favor.
- No puedo hacerlo Diego, ¿No lo entiendes? - Me sorprendió el hecho de que lo había dicho gritando, estaba muy alterada, su presencia a mi lado me ponía nerviosa y con sus caricias...uff...no podía pensar con claridad. Suspiré - Dame tiempo ¿Vale? Todo esto es demasiado complicado.
Y sin darle tiempo a responder, y muy a mi pesar, me alejé de él con la intención de marcharme, pero entonces recordé que no sabía volver. ¡Mierda!
- No sé volver.
- Yo tampoco.
- ¿¡Qué!?
- No me he fijado en el camino, no sé volver.
- ¿Y entonces? ¿Qué hacemos?
- Nada, se darán cuenta de que no estamos y me llamarán.
- ¡Llama tú!
- No tengo saldo, solo puedo recibir llamadas.

lunes, 24 de enero de 2011

Capítulo 13

¿Y ahora qué hago? Sabía lo que pasaría si le seguía, o al menos lo imaginaba, y por mucho que lo deseara sabía que no estaba bien, ¿Pero cómo le decía que no quería ir con él? Entonces de repente mientras él trataba de convencerme de que le siguiera una música empezó a sonar en mi bolso, no había tenido tiempo ni de quitármelo.
- ¿Sí?
- ¿Lucía?
- Mamá, ¿Pasa algo?
- No, sólo quería saber si estabas bien.
- Sí, estoy en casa de Anna.
- Lucía, ¿Qué es esa música? Oigo mucho jaleo...
- Emm...sí, esque estamos viendo la tele y la hermana de Anna a puesto la música a tope, esto es un caos.
- Bueno, llámame por la mañana y me dices a qué hora llegas.
- Vale, mamá.
- Adiós, Lucía.
- Adiós.
Colgué el teléfono y enseguida vi a Anna a mi lado.
- ¿Era tu madre?
- Sí.
- ¿Te ha pillado?
- No, no te preocupes. Acompáñame dentro que tengo que dejar el bolso.
- Dámelo, yo lo llevo.
- Te acompaño.
- De verdad, que no hace...
- Anna, que te acompaño.
Por fin pareció darse cuenta.
- Vale.
Me agarró del brazo y nos metimos dentro de casa. Fuimos hasta una habitación en el primer piso, entramos y dejé mi bolso junto a las demás cosas que había allí, todas tiradas sin ningún tipo de orden.
- ¿Pero qué te pasa? ¿Por qué no te has ido con él?
- Porque no quiero.
- ¿No te fías de él?
- No es eso Anna, pero no quiero que pase nada entre nosotros.
- ¿Por qué no?
- Porque todo sería demasiado complicado, además en dos semanas me vuelvo a Madrid.
- Pero siempre es mejor algo que nada, deberías intentarlo, el chico está loquito por tí.
- Por cierto...¿Qué es eso qué te dijo Carlota?
- Que ayer estuvo hablando con Diego.
- ¿Y?
- ¿Qué más te da? Tu no quieres nada con él...
- ¡Anna!
- Venga, volvamos a la fiesta.
- No, yo te conté lo de Marco, así que venga, dime.
- He prometido que no te iba a decir nada.
Y sin añadir nada más desapareció con una sonrisa. Aparté algunos bolsos y me senté en la cama. Anna tenía razón, yo no quería nada con él, no debía importarme nada de lo que dijera, pero lo cierto es, que sí me importaba, y mucho. Entonces la puerta se abrió y la persona más inesperada entró en la habitación. Marco.
- ¿Qué haces tú aquí?
- ¿Y tú?
- Me ha traído una amiga.
- Pues a mí también. Por cierto, bonito vestido.
Le hice una mueca y él soltó una carcajada.
- Lo siento.
- No importa.
- ¿De verdad? ¿Me perdonas?
- Sí, en realidad no llegó a pasar nada que yo no quisiera...
- Cierto. ¿Vamos a fuera?
- Vale.
Salimos juntos a fuera, pero en cuanto pusimos un pie en el jardín, un chico moreno agarró a Marco y lo tiró a la piscina. Marco, completamente empapado y con ayuda de otros dos, tiró al agua al moreno. Presentí que estaba a punto de organizarse una guerra de agua en toda regla cuando vi llegar a Javier con un montón de globos sin inflar en una manos y la manguera en la otra.